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Preboda en Marrakech con Laura y Luis…

Este año, la verdad es que ha sido un poco diferente y todo ello empezó con el viaje que Laura y Luis me propusieron “dicho y hecho” para realizar su preboda en Marrakech. Casi se puede decir que de un día para otro ya estaban los billetes cogidos y en unas semanas nos escapamos a un lugar del que siempre te hablan y que es verdaderamente un sitio que hay que conocer por su cercanía y sus diferencias con todo aquello de lo que estamos acostumbrados a ver y sentir.

De los prácticamente 5 días que estuvimos, todos los pasamos dentro de la ciudad amurallada (la Medina) de Marrakech excepto una escapada de un día al desierto de Agafay, a 30 kilómetros de la Medina. Y uno de los grandes aciertos es alojarse en un “riad” dentro de la muralla para así poder disfrutar el ambiente misterioso de Marrakech en todo momento.

Desayunar con ese maravilloso zumo de naranja y nada más salir del riad encontrarse en ese laberinto de calles para ir al primer destino,  Palacio de la Bahía, es una de las sensaciones más entrañables que me aparecen en la memoria.

Marrakech no dista mucho de lo que conocemos una vez que sales del aeropuerto, incluso te encuentras con autobuses de la empresa Alsa que tanto nos acompañan aquí por le norte. Es la medina (ciudad fortificada) la que te traslada al pasado una vez que entras pues pareces transportado a un viaje en  el tiempo donde todo funciona de forma diferente en un cierto “caos organizado”.

El segundo día transcurrió de visitas gracias al gran trabajo de investigación realizado por Laura, una verdadera guía de viajes personificada. El Palacio El Badi fue otra de las visitas programadas donde también aprovechamos para hacer alguna foto de preboda.

  

Y entre visitas y paseos siempre terminas pasando cerca de la Mezquita Koutoubia y evidentemente la cámara te pide siempre también hacer alguna foto. Su alminar es uno de los elementos más visibles de la ciudad así que no os extrañe que aparezca bastantes veces en el horizonte de las fotos pues siempre se puede decir que está presente.
El descanso y la gastronomía siempre estuvo también presente gracias otra vez a una esmerada selección de lugares por parte de Laura y esa noche terminamos la jornada en la terraza de el Café Des Épices situado en el corazón de la medina dentro de la misma Plaza de la Especies.

Nuevo día y nuevas cosas por hacer. Laura no podía dejar escapar la oportunidad de hacerse su tatuaje típico marroquí de Henna y tras investigar al no poder encontrar abierto el ya programado lugar de tatuajes, dio después de unas cuantas consultas con una mujer bien recomendada que trabajaba en la misma Plaza de las Especies. Luis tampoco pudo resistirse y también tuvo la oportunidad de hacerse el suyo y a mi… pues tuve la suerte de que la mujer me regaló mi nombre en árabe, debió de ser por que Laura y Luis pagaron bien los suyos. Consejo… siempre hay que regatear bien los precios.
Ese mismo día por la mañana también tuvimos una de las sesiones de regateo más bonitas e interesantes que vi en Marrakech digna de ser pagada como experiencia turística. Parece ser que el regateo beduino se rige por unas reglas diferentes y eso nos tocó disfrutar a la hora de comprar una alfombra no programada en el entresijo de callejuelas de la medina. Alguien te aborda, te invita a ver desde un alto de un edificio unas maravillosas vistas de la ciudad y de repente… te encuentras en una tienda de alfombras.

Esa misma tarde también fue aprovechada para ver el Museo de Yves Saint Laurent situado fuera de la medina. La verdad es que a mi no me pareció para tanto así que poco más contaré de ese lugar. Para alguna foto sí que dio algo de juego…

Y una vez más, de regreso a la medina la Mezquita Koutoubia nos brindó la posibilidad de fotografiarla…

Nuestro cuarto días me deparaba una muy buena sorpresa pero no antes de escaparnos, nos adentramos una vez más en el laberinto de calles de la medina para localizar el zoco de tintoreros (Zoco Sebbaghine) para realizar alguna de las últimas compra…

Y como todo llega… la sorpresa también llegó. Y tras unos 30 kilómetros en coche nos encontramos en el Desierto de Agafay donde en plena colina se encontraba un hotel sin electricidad construido sobre las ruinas de un oasis, el Hotel La Pause.

Hamacas, olivos, haimas, piscina, sauna y un gran número de comodidades nos ofrecía el lugar donde lo primero que hicimos fue volver a disfrutar de la gastronomía del lugar. Luego las fotos no se dejaron esperar y se intentó aprovechar todo lo que a los ojos nos podia llamar la atención convirtiéndose en una divertida y larga sesión de fotos en ese maravilloso lugar.

Y si te alejas un poco consigues nuevas escenas dentro del recinto y fuera de él disfrutando de las vistas y andando a través de las colinas…

La alfombra comprada al beduino no pudo quedar en el olvido en el atardecer de Agafai… Y la caída del sol nos dio la oportunidad durante la preciada hora azul de hacer una de las fotos que estábamos esperando pues fue una de fotos que pedía casi de rodillas a Laura para realizar en el desierto. Que pudiera tener la oportunidad de fotografiar el cielo estrellado en el desierto y gracias a Laura pudimos retrasar el regreso programado para realizar la foto que tanto esperaba.

Y el último día también dio tiempo a unas últimas compras por el zoco y a realizar la foto que Laura estaba esperando desde creo, el primer día que llegamos…

18 septiembre, 2018 Comments (2) preboda

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Comentarios

  1. francisco javier diego dice:

    Precioso reportaje. Felicidades a Luis y Laura

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