
Día tras día no paraba de llover y la boda se acercaba, los novios tranquilos y sólo faltaban cuatro días para la boda cuando Carlos me llamó para decirme que ya sabían donde les gustaría hacer la preboda. Cuando el novio me mencionó el lugar me entusiasmó la idea aunque había un problema… que nos concedieran el permiso de utilizar un lugar de culto por la literatura y el silencio para realizar nuestra sesión. Cuando el novio finalmente me confirmó el lugar y la fecha me emocioné y fui como cuando un niño pequeño va de excursión a un lugar misterioso y lleno de encanto puesto que mas que una biblioteca es un bello museo del libro y de todos los misterios y sabiduría que ocultan tras su lectura compuesta por más de 40.000 volúmenes.
Junto a la biblioteca se encuentra la casa-museo de Marcelino Menéndez Pelayo, ilustre polígrafo, donde fuimos a finalizar la sesión y en la que nos informaron de que nos encontrábamos en el año del centenario de la misma y por la curiosidad de nuestra incursión fotográfica los novios fueron entrevistados para anotar su experiencia en el libro de visitas…









































































































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